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Boyacá fue calle Real


Por Carlos E. López Castro


La calle Boyacá, hoy marcada con el 51, fue una de las primeras vías abiertas, por el hecho de estar en el marco de la Plaza Mayor, hoy Parque de Berrío. Desde el año 1676 en Boyacá con Bolívar funcionó la primera casa de gobierno o Cabildo. En el croquis de 1770 figuraba como calle Real, que indica calle del Rey. Ha sido la principal vía del barrio San Benito y en su trayecto se construyeron tres iglesias.

Antiguamente vivieron algunas familias adineradas de la villa. Allí nació el héroe y abogado Atanasio Girardot en una casa ubicada en la esquina suroccidental, diagonal a la iglesia La Veracruz. También nació el prócer Francisco Antonio Zea, en la esquina tres cuadras abajo de la iglesia. Una placa indica además donde vivió y murió el expresidente Mariano Ospina Rodríguez.

Su nombre de Boyacá recuerda la batalla, en el puente del mismo nombre, donde se logró la independencia de la Nueva Granada el 7 de agosto de 1819.

Por el hecho de haber estado la casa de gobierno o Cabildo, allí funcionó la Administración de Correos del Estado, el Tribunal Superior, los Juzgados del Circuito en lo civil, las notarías, la telegrafía. Y en otro tiempo el colegio de niñas de María.

La calle Boyacá siempre se ha extendido desde Junín hasta abajo al occidente en el barrio San Benito, donde era paso obligado de sus habitantes. Veamos dos anécdotas del siglo XIX, contadas por Luis Latorre Mendoza y que nos dan una idea de esa vida de pueblo, que nos hablan de esta calle en cuanto a su movimiento social:

LOS BOCHINCHEROS

“Entre las brumas de mis recuerdos infantiles del barrio San Benito, se destaca indeleble la plácida figura de Juancho Carpintero, a quien conocí algo más que octogenario, quizá nonagenario. Figura bien tópica aquella: barrigudo y fondillón, como él solo, usaba pantalones blancos sin bragueta, abotonado por los lados; lo que entonces llamaban de tapabalazo; chaleco también blanco y una chaquetita hasta la cintura, de un género azul que han llamado diablofuerte; ítem más, sombrero blanco de copa baja y grandes alas, recogida hacia los lados y chinelas de soche amarillo.

Aun cuando de ello no haya quedado constancia en manual alguno, ni a nuestros historiadores se les haya ocurrido hablar sobre este asunto, lo cierto es que Juancho en su juventud había sido un templado patriota, con sus ribetes de prócer.

Sucedió, pues, que en una medrosa noche de 1819, pocos días antes del 7 de agosto a eso de las once hubo carreras desaforadas y sediciosas gritos de vivas a la patria y mueras a los chapetones, frente a las casa en que habitaba su excelencia el teniente coronel don Carlos Tolrá, que es la misma casa que pertenece hoy al doctor José Domingo Sierra en el crucero Boyacá-Cúcuta. Fue tremendo el (sic) alarma, se tocó generala, salieron patrullas por todas las calles, y la artillería con los cañones hasta la boca y las mechas encendidas fue instalada en la plaza. Por las declaraciones de los buenos vecinos vino a saberse al día siguiente que los bochincheros habían corrido calle abajo, es decir, hacia San Benito, y que por más señas, uno de ellos iba calzado. Con este importante dato, se procedió a examinar a las gentes del barrio, resultando de ello el testimonio unánime de que la única persona que por aquellos lados no andaba descalza de ordinario era nuestro Juancho (las malditas chinelas de soche).

Pues me le echas mano a la cárcel con él. Lógico era que viniese luego un simulacro de consejo de guerra, después cuatro frutazos en media plaza, y se acabó el carbón… Pero no… Juancho era precavido y presentó muchas declaraciones de vecinos de Guarne, todas contestes, en las cuales se comprobaba que Juancho había sido visto en esa población aquella noche. No encontró, pues, motivo don Carlos Tolrá para privar al mundo de la presencia del buen Juancho…” 1

LIBRO DE CUENTAS MORALES

A mediados de la octava década del pasado siglo XIX, vivían en una de las primeras casas del barrio, como quien dice, en la boca, cinco señoritas que rayaban por ahí entre los cincuenta y seis y los setenta años –unos tres siglos y cuarto entre las cinco–. Eran huerfanitas ellas, piadosas hasta la exageración; eran también profesoras de la doctrina de Astete para toda la chiquillería, y llevaban el celo por el bien de las almas del vecindario, hasta increíbles extremos, tanto que uno de ellos consistía en llevar con todo esmero y pulcritud un registro –especie de libro de cuentas corrientes morales– en el encabezamiento de cuyos folios figuraba el nombre de cada uno de los vecinos.

Yo conocía varias hojas de un registro de esos, que correspondía a los últimos meses de 1875 y decía sobre poco más o menos: “Noviembre 14 (sábado). Miguel Salas: bajó como a las once y cuarto. Pancho Zea: bajó a las doce pasadas, con un caminaito entripativo… Chepe Arango: no se oyó ni bajar ni subir en toda la noche. Roberto: pasó a la una y se puede jurar que iba trastabillando. Enrique: lo mismo de toda la vida. Que nuestro padre san Serapio lo tenga de su mano…” 2

IGLESIA LA CANDELARIA

IGLESIA LA VERACRUZ

Se empezó a construir en 1682 por Juan de Céspedes Hinestrosa, en terreno que fue de Luis de Acevedo Rides y se terminó en 1712, con la ayuda de Juan Tirado Cabello, Gerardo Bautista del Campo, Bartolomé Gómez, Alonso Trujillo y otros. El 26 de septiembre de 1791, emprendió su reedificación el Pbro. Juan Salvador de Villa y Castañeda, con la cooperación del doctor Ignacio Gutiérrez y Sierra y don José Peinado y Ruiz, quien hizo la mayor parte de los gastos, trabajando en la obra como albañiles José Ortiz y su hijo, y como decorador Pablo Cháves. Se inauguró en 1809 por el doctor Alberto María de la Calle. Las campanas laterales las fundió Ramón Córdoba, y la del centro, colocada un siglo antes, fue desmontada por el sabio Caldas para hacer un cañón durante la independencia.

IGLESIA SAN BENITO

Se levantó en 1678 por doña María Paladines de la Fuente, en solar comprado a Marcos López de Restrepo, fue reformada en 1802 por el padre Antonio Naranjo y Gómez, bajo la dirección del albañil José Muñoz.

OLANO

El rico comerciante Ricardo Olano, quien construyó en la década del veinte el edificio Olano en la calle Boyacá con la carrera Bolívar, en sus memorias nos da algunos detalles de esta calle:

“Calle Boyacá. Entre Bolívar y Carabobo. Después del incendio del costado occidental del parque de Berrío, el Municipio compró el local del antiguo edificio de Restrepo & Cía. donde está hoy la Cía. Colombina de Tabaco (hoy edificio de Universidad Remington) y esto le permitió hacer permutas para ensanchar las calles de Colombia y de Boyacá.

“Varios años después, 1929, el Municipio compró a Benjamín Martínez la faja para completar el ensanche de dicha calle en la esquina Carabobo x Boyacá, donde está hoy el edificio Martínez. Según acuerdo No. 45 de 1929, el arzobispo vendió al Distrito por $ 1.900 una faja para ampliar Boyacá frente a la catedral vieja”3

En esta calle Boyacá estuvieron las oficinas del periódico El Espectador, El Correo Liberal y La Defensa, este último periódico fue incendiado el 9 de abril de 1948, día en que asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán.

El café El Globo (en Boyacá frente a la puerta del perdón de la Iglesia La Candelaria, entre Palacé y Junín) se recuerda porque allí se reunía un grupo de poetas, escritores y artistas conocidos como los Panida, que escribieron en la revista Panida. Medio de comunicación de literatura y arte, que su primera edición circuló en 1915.

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Notas:

1 Luis Latorre Mendoza. Historia e historias de Medellín. Colección Biblioteca Básica de Medellín. Instituto Tecnológico Metropolitano. 1ª Edición 1934. 2ª edición semifacsimilar 2006. Medellín, Colombia. Pág. 416.

2 Ibid. Pág. 417.

3 Ricardo Olano. Medellín en la Memoria de Ricardo Olano. Colección Biblioteca Básica de Medellín. Instituto Tecnológico Metropolitano. 1ª Edición 2006. Medellín, Colombia. Pág. 69.

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