Ideología, internet y el burro en la política
- historias contadas
- 5 mar
- 3 Min. de lectura

Por Carlos E. López Castro
(Editorial de la revista Historias Contadas # 162)
En el pasado, los dos partidos tradicionales en Colombia (liberal y conservador) solo se distinguían por un trapo rojo y azul o por una rivalidad que llevó a tantas muertes, desde 1948 con el asesinato de Gaitán, y a partir de los años 50, con la llamada violencia bipartidista. La historia no ha cambiado mucho. Hoy, parece ser que los programas de gobierno de los candidatos al Congreso y a la Presidencia se reducen a una confrontación en las redes sociales con insultos al opositor. A tal punto hemos llegado que ya la figura de un burro es símbolo escogido por el propio “jefe” de un partido político.
La contienda política hoy en el país sigue más cargada de propaganda mentirosa que de ideas en las redes sociales (Facebook, Instagram y X). Un estudio cuantitativo de la Misión de Observación Electoral (MOE) determinó que aproximadamente el 20 % de la conversación política en redes sociales está marcada por agresividad, intolerancia, insultos y polarización. Sin embargo, estas menciones son las más viralizadas, lo que significa que generan más interacción y alcance que publicaciones basadas en ideas o propuestas detalladas.
Un análisis de contenido de más de 60 mil tuits relacionados con política colombiana (configuraciones con más de 100 “me gusta” y 100 retuits) identifica patrones claros de confrontación en el lenguaje empleado por figuras políticas influyentes, tanto en el envío como en la recepción de mensajes agresivos.
En cuanto a la imagen del burro como símbolo de un partido político (identidad también de otros candidatos), digamos que el ser humano está hecho de algo más que trabajo y avaricia. Existen aspectos que alimentan el espíritu como el arte, la poesía, la música, la literatura, el amor por los seres vivientes, sus creencias y saberes, protección al medio ambiente. La mejor manera de resumir este absurdo sería con algunos ejemplos en las clásicas fábulas, que han perdurado desde hace más de veinte siglos, donde siempre dejan una moraleja que ojalá hoy también nos sirva para la vida cotidiana. Veamos a continuación, en la Fábula de Fedro quien fue un fabulista romano del siglo I d.C.
En la fábula “El asno y la lira” donde ese animal en el bosque se encontró una lira y maravillado intentó hacerla sonar... “Finalmente, resignado, el asno dejó la lira donde la había encontrado y continuó su camino. Aunque no podía tocar el instrumento, había aprendido algo valioso: no basta con tener las herramientas, es necesario saber usarlas”.
Moraleja: Las oportunidades se vuelven exitosas con estudio, experiencia y esfuerzo. Es diferente tener talento para ejercer un cargó público y otro asunto es insistir en algo por testarudez y necedad.
O en la fábula de autor anónimo, titulado “El burro y el pozo”, en el que un burro viejo cae a un pozo profundo sin agua...“El campesino estaba resignado, enfrentándose a un dilema desgarrador. Miraba al burro, que luchaba por mantenerse a flote en el oscuro abismo”... En la fábula, el campesino buscó a algunos vecinos para echarle tierra y enterrarlo. En la vida cotidiana de la política hoy en Colombia, el campesinado decidió no votar por el burro.
Terminemos con la fábula “Esopo y el Burro”: “Un día, un burro se acercó a Esopo y le dijo:
—Oye, si alguna vez me incluyes en uno de tus cuentos, por favor, hazme ver como un animal muy inteligente y sabio.
Esopo, mirando al burro con una sonrisa que mezclaba comprensión y diversión, le respondió:
—Podría hacerlo, claro, pero en cuanto la gente viera semejante tontería, todos se burlarían. A ti te llamarían “el filósofo” y a mí, “el burro”



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