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Profesión: periodista (peligro)


Por Laura Bonilla, Gerente para América Latina de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES)
Tomado de: Páginas para la libertad de expresión. Ver más en: https://mailchi.mp/flip/el-guardin-desnudo-newsletter-20?e=719e13c697
Si hoy una persona joven en América Latina decidiera escoger la profesión más riesgosa para su vida, elegiría ser periodista. Ese autoritarismo nuestro, tan velado y escondido es responsable del 50% de los homicidios de periodistas en el mundo. De 67 colegas asesinados —según el informe del Comité de Protección de Periodistas— la mitad ocurren en la región. Al mismo tiempo, gobiernos de distintas orientaciones ideológicas se empeñan en hacer campañas para mantener la idea de que nuestra violencia es un asunto marginal, de delincuentes, para negar que esta violencia sigue estando enraizada en la alianza entre política, crimen, corrupción y mafia. Matamos más periodistas que en la guerra en Ucrania.
Lo curioso es que todas las profesiones de alto riesgo hoy son las que se encargan de sostener la democracia, aún en las peores condiciones. Los líderes sociales en Colombia, especialmente los ambientalistas y las personas defensoras de derechos humanos son las principales víctimas de la violencia selectiva. En Nicaragua, sin importar su filiación, organizaciones sociales, periodistas y defensoras del ambiente se han dedicado a intentar develar los entresijos de la élite corrupta en el poder; al igual que lo ha hecho la sociedad civil en Guatemala donde el costo de denunciar la corrupción está siendo el exilio; y en El Salvador, las gravísimas violaciones a los derechos humanos. En México fueron las víctimas apoyadas en el periodismo de investigación quienes han revelado la verdad de la macabra noche de Iguala. Casos, muchísimos.
Creo, personalmente, que es una trampa pensar esta situación como una colección de casos aislados. El asesinato de periodistas, líderes sociales, defensores de derechos humanos, organizaciones de víctimas y ambientalistas tiene como correlato el ejercicio violento del poder, cada vez más organizado, regional y sofisticado, y como principal víctima las instituciones democráticas. No es gratuito que justamente los gobiernos más autoritarios de la región traten de omitir el debate sobre la violencia organizada, al mismo tiempo que hacen todo lo posible por silenciar las voces críticas y producir vacíos de información.
Ahora, hay algo que incrementa este riesgo compartido: la difusión y consumo masivo de noticias falsas que intentan vender al periodismo como aliado del poder, mientras las cadenas de mensajería dicen la verdad. Es cierto que las redes sociales nos han puesto grandes retos, pero nada más alejado de la verdad. Por el contrario, es a través de esas falsedades sin rostro que perdemos la comprensión de la realidad y por esa vía somos capaces de elegir cualquier cosa, incluso al autoritarismo por encima de la democracia o a la guerra por encima de la paz. En últimas, nos están haciendo pensar que no necesitamos al periodismo, cuando lo requerimos más que nunca.
Cuente cuántos países lograron estabilizar sus democracias y tener equidad social restringiendo la libertad de prensa. Ahora, cuente cuántos países han logrado mantener altos índices de estabilidad y calidad de vida asesinando sus liderazgos. Los colegas que han sido asesinados estaban contando una historia, probablemente develando ese entramado de corrupción que hace que usted nunca logre tener una oportunidad de empleo, o que su recibo de la luz en Cartagena sea impagable.
Así que, mi mensaje es muy simple: no hay democracia sin periodistas, y la democracia en la región está en riesgo. El periodismo es la reserva ética de la sociedad. Muchas veces la única que tenemos.
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