El respiro que trajo las vacunas en San Andrés Islas


Por Diego Bolívar Hernández
Alex Brown, padre, cada vez tenía más fiebre, durante toda la mañana del 24 de mayo del 2020 tuvo debilidad y malestar generalizado, el gusto y el olfato los había perdido, a las 10:30 de la mañana le costaba respirar. Alex Brown, hijo, comprobó que la saturación de su padre era baja -poco oxígeno circulando por la sangre- y que de seguir así necesitaría oxígeno para poder respirar.
Sin pensarlo dos veces salió con su padre para el hospital donde trabajaba como enfermero en jefe. Cuando llegaron al Clarence Lynd Newball Memorial (antes Amor de Patria) había en promedio sesenta pacientes en urgencias esperando ser atendidos y con necesidad de oxígeno. La mayoría de estos pacientes eran familiares o conocidos del personal médico que trabajaba en la institución.
Al ver la situación y luego de hablar con su jefe inmediato, Alex llevó a su padre de nuevo a casa y empezó a tratarlo con medicamentos. Conseguir analgésicos y oxígeno fue toda una odisea, también el peligro era inminente ante el riesgo de contagio de los otros cinco miembros de la familia, quienes pese a muchos cuidados resultaron igualmente contagiados, pero con síntomas leves.
“Mi papá se salvó de milagro, yo digo que fue directamente obra de Dios, porque cada vez saturaba menos y requería más oxígeno. Luego de pasar por el virus quedó con algunos problemas: se cansa cuando da tres o cuatro pasos y los pulmones le quedaron blancos, lo que da cuenta de que se estaba afectando bastante”, cuenta el enfermero.
Durante la pandemia, no solo tuvo ese momento adverso, desde que comenzó la crisis hospitalaria todo fue empeorando progresivamente. Primero, los constantes rechazos e incluso ataques que se vivieron a nivel nacional contra el personal de la salud, también se presentaron en la isla, “la gente me veía y se entraba a su casa, se cambiaban de acera, y dejaban de hacer sus cosas, yo trataba de hacerme el que no me importaba, pero uno es humano y obviamente eso lo afecta, afortunadamente la gente ha entendido que nosotros somos héroes”, sentencia.
Los turnos empezaron a cambiar. Antes de pandemia era de 12 horas, por lo regular de siete a siete, fuera diurno o nocturno; sin embargo, cuando el sistema de salud se vio desbordado, los turnos pasaron a ser de 24, 48 e incluso 72 horas. Muchos de sus compañeros renunciaron porque física y mentalmente ya no eran capaz, otros por temor al contagio y a los perjuicios que podían ocasionarles a sus familias. Entre el personal que quedó debieron repartirse los turnos y labores de los compañeros que habían decidido renunciar.
Los tiempos para alimentación eran insuficientes, “yo llegaba a las 6.30, desayunaba y almorzaba, hacía necesidades y luego me ponía el traje, así debía estar hasta las 5 o 6 donde tenía otros 20 minutos”, continúa.
La situación en el hospital era agobiante, morían pacientes a diario y las camas que dejaban vacías eran ocupadas rápidamente por otros que estaban graves. Alex recuerda que en la mayoría de ocasiones ni siquiera se podía cambiar las sábanas de las camas o limpiarlas, puesto que quienes morían eran enviados a la morgue con prontitud para poder intentar salvarle la vida a otro paciente.
María Catalina, una de sus compañeras de trabajo, perdió la vida a causa del virus, para Alex y para el personal del hospital fue uno de los golpes más severos. “Yo recibí turno y ya estaba con el oxígeno al 100, luego que falleció pasó más de cuarenta minutos en reanimación, pero no pudimos hacer nada. Todos nos tiramos al piso, lloramos, sentimos miedo e impotencia”, recuerda. Él estuvo contagiado en tres ocasiones con algunos síntomas, luego del contagio debía regresar a darle la cara a la realidad.
El hospital Clarence es el único hospital público de San Andrés Islas, para la época de pandemia contaba con 16 Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) para una población de más de 65 mil habitantes. La única manera de entrar y salir de allí es por vía área, posibilidad que no existía en buena parte del confinamiento que vivió el país. Los pacientes de Santa Catalina y Providencia, islas cercanas, eran trasladados hasta el hospital en lanchas, puesto que en sus territorios no contaban con un establecimiento que pudiera atender casos graves.
A la situación vivida por el Covid-19 se le sumó un agravante a finales del 2020: el huracán "Iota" golpeó fuertemente las islas, ocasionando daños en San Andrés y Santa Catalina y destruyendo casi que por completo a Providencia. Los heridos por esta eventualidad fueron trasladados hasta el hospital. Dicha situación también generó un incremento en los contagios puesto que muchas personas dejaron de cuidarse, pues las prioridades pasaron a ser la sobrevivencia y la recuperación de lo perdido.
De esta población que perdió todo, pocos han podido recuperar su estilo de vida anterior, los que lo han logrado ha sido con dineros propios, pues los proyectos de reconstrucción de la isla que el gobierno prometió, se quedaron en palabras. Como isleño y raizal, Alex señala al gobierno colombiano como ausente de sus realidades, “a la isla solo vienen a pasear o a recoger escombros para que se diga que están haciendo algo, pero al parecer todo se lo robaron”.
Dicho abandono estatal no solo se sintió en el marco del huracán, esta ha sido una problemática de muchos años atrás, muchos isleños, incluso, no se reconocen como colombianos.
Al personal de salud tampoco le cumplieron las promesas, se les dijo que el salario iba a subir, que les iban a dar bonos, estas promesas, al igual que la de reconstrucción, se las llevó el viento.
Llegan las vacunas
La posibilidad de recibir las vacunas cambió la realidad del territorio, de tener servicio copado y 60 pacientes esperando atención, ahora puede haber UCI vacías y espacio en hospitalización, “en San Andrés ya puedes estar en espacios públicos sin tapabocas”, comenta Alex, esto gracias a la asistencia masiva de los isleños para recibir la vacuna contra el Covid-19, situación contraria a la del país, donde hay mucho abstencionismo.
Alex, pertenece a una comunidad cristiana, de allí todos recibieron la inoculación, luego de un trabajo de reflexión y concientización realizado por el enfermero. Hasta el hospital aún llegan personas con necesidad de oxígeno, pero en su mayoría son extranjeros o colombianos que se encuentran de vacaciones. “San Andrés es el primer departamento de Colombia que puede decir que logró la inmunidad de rebaño”, expresa.
Luego de haber trabajado y puesto el pecho a una situación tan agobiante como lo fueron los picos de la pandemia, Alex se retiró del hospital y se prepara para iniciar un nuevo camino en el campo de la psicología. “Siento que me hará falta el hospital y el servicio a la gente, pero a la vez necesitaba cambiar de aire, tener más tiempo para mi familia, para la iglesia”, dice.
“Yo recomiendo a las personas informarse bien, el Ministerio de Salud publica constantemente información del virus y de las diferentes vacunas que hay disponibles en el país. También creo que lo mejor es vacunarse para estar un poco más seguros personal y familiarmente” finaliza.
Entradas destacadas