Una noche con el bebé robot



Por Diego Bolívar Hernández
Le había dado tetero, le había cambiado el pañal, le sacó los gases y lo arrulló durante más de una hora. Al final el bebé se había calmado y cerraba sus ojos anunciando que pronto dormiría. Davinsson Hoyos, un adolescente de 14 años, estaba sentado en su cama luego de un día de precisos cuidados con el bebé robot.
Lo acostó a su lado y pronto se había dormido, pasadas pocas horas el bebé despertó en la madrugada y empezó a llorar a viva voz. Empieza de nuevo el ritual: alimentar, cambiar pañal, sacar gases y arrullar. Después de ver que nada daba fruto le entregó el bebé a Sandra, su mamá, y se durmió.
El bebé robot es un experimento que consiste en una serie de muñecos programados para simular los comportamientos de un bebé humano. A Davinsson se lo entregaron en el año 2010, cuando cursaba quinto de secundaria. Antes de la entrega les habían hecho una simulación de embarazo durante tres horas con una bolsa a la altura del estómago que se movía y se inflaba. Luego del parto les entregaron el robot que debían cuidar durante un fin de semana.
En palabras de autoridades sanitarias como la doctora Gloria Libia Polanía, gerente del hospital Pablo VI de Bosa, localidad de Bogotá, capital colombiana: este tipo de proyectos “buscan prevenir y reducir los embarazos adolescentes de la localidad”.
El bebé robot que asemeja a uno real de un mes de vida, mide 53 centímetros de largo y pesa 3.250 gramos, están programados para llorar, ensuciar el pañal, sentir hambre, tener gases, hipo, fiebre y esperar que los arrullen. Son entregados con una manilla, dotada de un sensor, su par está en el pecho del robot. Cada que se va a atender al bebé, quien lo cuida debe pasar su manilla por el sensor del pecho y empezar.
Finalmente es la manilla quien guarda los registros de las atenciones y del estado en que se devuelve el bebé, de no cuidarse podría morir, lo que les sucedió a siete compañeros de Davinsson. Además, se les entrega una pañalera con una cobija, tetero, pijama, sudadera, dos pañales, un cargador o canguro, y en el caso de las mujeres, un simulador de lactancia.
El experimento se ha realizado en varias ciudades del país, entre las que destacan Bogotá, Pereira, Cali, Armenia y Medellín, de donde es Davinsson. También se ha realizado en otros países de Latinoamérica y de otros continentes.
En el año 2006 se empezó a implementar el proyecto luego de un estudio publicado por la National Association of Social Worker de Estados Unidos. El plan había sido ideado por Rick Jurmain, ex ingeniero de la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), quien en 1993 ideó el primer simulador de un bebé real.
A Medellín llegó en el año 2010, en el Colegio Federico Carrasquilla entregaron 50, primero participaron los hombres y luego las mujeres. A la que mejor puntaje sacó con su manilla se le dio un diploma, otros en cambio, fueron aconsejados, pues sus bebés habían muerto por descuido y malos cuidados.
Davinsson pasó buena parte del fin de semana cuidando al robot, pero la mayoría de tiempo fue Sandra quien lo atendía. “Para ella fue una felicidad grande, para mí un encarte”, comenta.
A sus 25 años, viendo el experimento como lejano, reconoce que en su momento no le dio todo el valor que merecía: “Si me devuelvo, esa experiencia fue una ayuda, pero uno en ese tiempo era un pelado y solo pensaba en diversión”, dice. Davinsson ya es padre, ahora la responsabilidad no puede delegarla como lo hizo con el robot.
En el hospital Pablo VI, antes de hacerse el experimento en el año 2014, 29 casos de embarazo en adolescentes fueron atendidos en las instalaciones. Un año después del proyecto, en el 2015, los casos habían bajado a cuatro, una disminución de más del 80 por ciento.
A Medellín, el experimento regresó en plena pandemia. María Isabel Marín, una adolescente de 15 años, que cursa grado cuarto de secundaria en el Colegio Antonio Derka Santo Domingo, hizo a mediados del 2021 el experimento.
En su caso, antes de entregarles el bebé les dieron una charla donde se les explicaba el porqué del experimento, se les daban pautas del cuidado de los robots y les daban unas cartillas donde se presentaban problemas como la inversión del dinero cuando se tenía bajo responsabilidad personal el cuidado de un hijo.
Al igual que en el caso de Davinsson, el bebé venía dotado con diferentes elementos como tetero y pañales. A María le tocó una niña, la llamó Marilyn. Lloraba constante y difícilmente era capaz de calmarla. Por cuidarla le tocó dejar de ir a una fiesta a la que había sido invitada y quedarse en casa.
Selene, su madre, en varias oportunidades le ayudó, una noche por ejemplo cuando María no consiguió calmarla por ningún medio, fue su madre la que lo logró luego de arrullarla durante varios minutos.
Muy al contrario de Davinsson que se sintió encartado y descansó cuando terminó el experimento, para María fue muy difícil devolver la bebé, pues se había encariñado bastante con ella. Al final no les entregaron los resultados, pero quedó muy satisfecha con la experiencia, cuidar a Marilyn le permitió reflexionar en cosas como: “de dónde sacar el dinero para cuidar a un bebé, en que lo más seguro es que deba ponerme a trabajar y dejar de hacer muchas de las cosas que me gustan”, comenta.
Davinsson, por su parte, sacó un buen promedio, gracias, sobre todo, a la ayuda de Sandra, su madre. Considera que, aunque interesante, el proyecto puede mejorarse, propone que se programe para que solo la persona que tenga la manilla pueda manipular al bebé, para que de este modo la responsabilidad sí la asuma el participante y no su familia, pues incluso la manilla que les entregaron era desplegable.
Para él, la primera noche fue la más compleja, durmió pocas horas, y aunque su mamá le estaba ayudando el bebé lloraba con un sonido muy fuerte. Al día siguiente empezó nuevamente la rutina, que solo terminó luego de tres noches de constante desvelo cuando pudo el lunes temprano llevar al bebé y devolverlo en el colegio.
En Colombia se empezó a implementar este tipo de proyectos buscando hacerles frente a las elevadas cifras de embarazo en adolescentes, problemática que ha continuado acentuándose en los últimos años. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el segundo trimestre del 2021 hubo un aumento del 22,2% de nacimientos en menores de 14 años, comparado con el mismo periodo de tiempo del año 2020. Se pasó de 946 nacimientos a 1.156.
Entre las mujeres de 15 a 19 años el aumento fue de 6,3%. De 24.849 nacimientos del 2020 se pasó a 26.405 en el 2021.
La situación en América Latina (AL) la sitúa como la segunda región con más embarazos en menores de 20 años. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en AL, al año un millón y medio de mujeres entre 15 y 19 años tienen bebés.
Experimentos como el del bebé robot, buscan precisamente hacerles frente a estos números que dan cuenta de una problemática que en vez de ceder cada día se recrudece más.
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