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351 años de Aná – Medellín – Valle de Aburrá

hace 1 hora
3 min de lectura




Por Luis Javier Caicedo (www.albicentenario.com)


Entre las selvas que cubrían el Valle de Aburrá, cruzaba una quebrada que los indígenas llamaban Aná (hoy quebrada Santa Elena). En un claro a sus orillas se formó un poblado que tomó el nombre de la quebrada, Aná, la cual le dio origen a la ciudad que hoy conocemos como Medellín.


El 2 de noviembre de 1675 fue fundada en el sitio de Aná la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, por decreto del gobernador de Antioquia, Miguel de Aguinaga, en obedecimiento a una orden de la reina de España. En este decreto se dispuso:


“Términos de la Jurisdicción de esta Villa: Todo el valle, y abra desde los nacimientos de dicho río (de Aburrá) hasta donde entra el de Porce, de una banda y de otra hasta las cumbres”. O sea, que no se fundó un caserío llamado Medellín, sino una entidad territorial que tenía por límites todo el Valle de Aburrá, que se separó de la Ciudad de Santafé de Antioquia, con una autonomía representada por contar con Cabildo propio. En cuanto al nombre, el decreto de Aguinaga dispuso: “erígese este Sitio de Aná, y le nombra desde

luego, Villa, con título de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, por ser la patrona de este lugar”, es decir, se tomaba como referencia el sitio llamado Aná, consolidado ya desde 1549 con su plaza, calles e iglesia.


¿Por qué intervino la reina de España, Mariana de Austria, en la fundación de Medellín? Porque el 20 de marzo de 1671 el entonces gobernador de Antioquia, Francisco Montoya Salazar, había fundado la Villa Nueva del Valle de Aburrá de Nuestra Señora de la Candelaria, con el sitio de Aná y la parte sur del referido valle, excluyendo de los límites los hatos ganaderos del norte de esta geografía. Así, el Valle de Aburrá quedó dividido entre dos jurisdicciones, una del Cabildo de la villa y otra que seguía dependiendo de Santafé de Antioquia. Pero, demandada, esta decisión fue anulada por la Real Audiencia de Santafé de Bogotá, y la primigenia villa solo funcionó un año.


El expediente fue enviado a España, donde el Consejo de Indias aconsejó a la reina Mariana que una villa era necesaria y conveniente para Aná y todo el Valle de Aburrá, por lo que la reina dio la orden de fundar dicha villa. En ese momento murió el gobernador Montoya, siendo nombrado Aguinaga nuevo gobernador de la provincia de Antioquia, quien al llegar hizo formar un patrón de todos los habitantes del valle, que dio por resultado que había 248 viviendas entre el pueblo de indios de San Lorenzo, el sector de la otra banda del río, y los sitios de Aná, Guayabal, La Culata y Guitagui, mientras al norte del Valle de Aburrá había grandes extensiones, pero solo una población de 40 viviendas. Con esta evidencia, el gobernador consideró una única jurisdicción para el “bien, utilidad y conservación” de todo el valle, y así dictó el decreto de 1675 que fundaba la Villa de

Medellín.


Todas estas cuestiones (nombre, límites, proceso) eran fundamentales en los 350 años de la

fundación de Medellín (1675-2025). Sin embargo, se decidió que la celebración era solo del

Municipio o Distrito de Medellín; el Área Metropolitana del Valle de Aburrá adujo que estos

asuntos no eran de su competencia, y el Metro de Medellín ni se dio por enterado que el territorio aburreño cumplía 350 años, y en su lugar destacó los 30 que ostenta el sistema de transporte.


Mientras, la Secretaría de Cultura concentró la celebración en septiembre, dentro de un puesto ubicado en la Feria del Libro, y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, hizo el ridículo en los actos conmemorativos del 2 de noviembre al pronunciar un discurso sobre la pujante raza antioqueña, en la tremenda soledad de un Parque de Berrío vacío.



 
 
 

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