"Compae Mochila" (Crescencio Salcedo): nos dejó herencia
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Por Joe Carranza (Publicado en la revista Historias Contadas # 23, junio de 2006)
Allá, en una humilde vivienda, localizada en la carrera 53 (Cundinamarca) bajo el número 59-48, centro de Medellín, reposan los últimos vestigios de quien fuera en vida uno de los pregoneros de la expresión folclórica costeña en Medellín. Se trata, nada más y nada menos, de Crescencio Salcedo que con “La Múcura”, “Mi Cafetal» y “El Año Viejo” ha pasado a la posteridad con su música que nos pone a bailar en toda época y en especial a fin de año, cuando el año viejo se va. El célebre cantante cubano Benny Moré inmortalizó "La Múcura", a nivel internacional en 1949, interpretándolo con un ritmo arrollador junto a la orquesta de Dámaso Pérez Prado.

Crescencio es en nuestra patria, el equivalente de los trovadores de la antigua Europa medieval que, recorriendo incansablemente la geografía de su terruño, fueron difundiendo el idioma universal de la música. Así fue nuestro trovador criollo; hombre de "pata pelá", pisando siempre el suelo, para estar en contacto permanente con la Madre Tierra; con su sombrero “vueltiao”, su inseparable mochila y su flauta mágica, recorrió cual "Francisco El Hombre", su tierra; recogiendo motivos que luego plasmaba en sus canciones. Decía: "Lo hago para alentar la materia cuando está triste". "Forniquete" empedernido, enamorado sin razón, cautivaba con su flauta y su voz dejando por donde pasaba todo un reguero de mujeres ilusionadas y emocionadas, por la alegría de sus sones, y la profunda enseñanza de su filosofía cotidiana.
Su periplo comenzó en Palomino (Bolívar), tierra donde nació un 26 de agosto de 1903; allí conoció y aprendió el arte musical, la fabricación de flautas, cajas y tamboras y la inspiración que aparecía por doquier. Viaja a Barranquilla; luego se interna en la Guajira y convive con sus hermanos indios que lo acogen y le enseñan los secretos de la Bo-tánica. Luego se viene a Cartagena, pasa a Santa Marta, después a Bogotá... siempre con la "pata pelá" y aterriza en Medellín. Su vida fue un constante vaivén por veredas y villorrios, entre carnavales, porros, vallenatos y fandangos: un estafeta del folclor.
A Medellín llegó en 1958. Fue aquí, en la "Bella Villa" donde fue acogido bajo el mote de "Compae” Mochila". Este anciano trota- mundos nunca supo de registro de propiedad intelectual, ni de derechos de autor. De su flauta salían melodías y melodías que otro más vivo, que sí conocía la letra menuda se las apropiaba. Un caso típico es el de un argentino Nobile, que tuvo el atrevimiento de registrar bajo su nombre la canción "Santa Marta Tiene Tren". Pero "La Múcura", no se queda atrás; hemos visto, en algunas producciones que el autor (fallecido) de dicha joya, es nada menos que... un gigante de la industria nacional del disco. Increíble, pero cierto.
Crescencio Salcedo vivía en una pobreza tal, que recorría el centro de la ciudad de Medellín (Teatro María Victoria, Bar Uribe, Librería Continental, Teatro Junín, etc.), ofreciendo sus productos para sobrevivir: flautas que compraba en la Cacharrería La Campana y discos pequeños, de 45 r.p.m. (revoluciones por minuto) de su autoría que fueron grabados por Discos Silver. Algunos transeúntes, conmovidos del anciano trotamundos que con su boca contrahecha y el brazo atrofiado por el derrame cerebral, lo confundían con un pordiosero y le tiraban unas monedas como limosnas; Crescencio los paraba en seco y les regañaba diciéndoles: "respéteme, yo no soy pordiosero, no recibo limosnas, yo sólo vendo flautas, ese es mi trabajo", y así lo escribió en el cartel donde anunciaba su producto.
Crescencio hizo vida marital con Doña Ligia Londoño por más de 40 años; y murió en sus brazos dejando como herencia sus flautas de millo y metálicas, sus canciones, música de catálogo en Discos Fuentes y las regalías que hoy devenga su hijastra Pastorita a través de Sayco y Prodemus. Crescencio es inmortal, su música no muere, ha sido grabada por infinidad de agrupaciones; su filosofía de la cotidianidad nos deja una gran lección: la humildad de la grandeza.

Crescencio murió en Medellín, el 3 de marzo de 1976, a causa de las secuelas de un derrame cerebral que había sufrido años atrás. En 1975 fue galardonado con la Estrella de Antioquia, máxima condecoración impuesta por el gobernador Oscar Montoya, al ganar el concurso de la canción con motivo del tricentenario de Medellín; Crescencio fue socio fundador de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia, SAYCO, y deja en Pastorita su socia heredera, sus flautas, la vieja cama y la grandeza de sus canciones.