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Perdimos, pero no narramos la derrota



Por Daniel Chaparro (Asesor de dirección de la Fundación para la Libertad de Prensa - FLIP) Lo primero que vi al llegar a Puerto Berrío, Antioquia, buscando un sitio para desayunar, fue un pasacalle con la imagen de Robinson Baena como candidato a la alcaldía del municipio. Estaba allí para acompañar un acto de reconocimiento de responsabilidades por parte del Estado por el asesinato del periodista Edison Molina, ocurrido diez años atrás, un 11 de septiembre de 2013, y lo primero que veía, con asombro, era un pasacalle de quien fuera alcalde cuando asesinaron a Molina y, para muchos, el posible determinador de su muerte. Razones no les sobran, pues ante las críticas que hacía el periodista por la mala gestión del entonces alcalde, la respuesta de Baena era una suma de ridículos improperios para Molina y quienes pensaran como él. Despectivamente los llamaba enanos: “que ya no son enanos. Son gérmenes, son los microbios que causan mucho daño al municipio de Puerto Berrío”, decía. Los deshumanizaba: “si usted ve a alguien en una cafetería hablando mal de Robinson Baena, ese es un pichón de gallinazo, que no ha emplumado y ya quiere volar”. Y los amenazaba: “contra quién hay que luchar constantemente, contra los microbios del desarrollo social, esos que andan en las redes sociales hablando tonterías, calumnias en contra de Robinson Baena. A esos son los que hay que tenerlos, pero para eliminarlos”.

Las personas más cercanas a Edison sabían de su liderazgo y no permitieron que se fuera, a pesar de su ausencia. Su legado, que invita a la opinión crítica y la libre expresión, lo siguieron cultivando, sobre todo en “Los enanos porteños”, un grupo privado de Facebook que tiene cerca de ocho mil miembros. La memoria de Molina que pude ver en el Parque Obrero, en una noche fresca de Puerto Berrío, me sorprendió tanto como el sombrío pasacalle que vi al llegar al pueblo. Se trata de una memoria que, como en la canción ‘El Triste’ de José José que tantas veces cantó Edison, sabe saborear su dolor y conoce las dimensiones de su pérdida, pero no narra la derrota. Una memoria que le apuesta a la vida y está a la altura de la grandeza de esos “enanos” de Puerto Berrío. Como lo dijo Alina Contreras, también periodista y amiga de Edison, en su intervención en el Parque Obrero: “la paradoja se cumplió y este parque tendrá vida con la muerte. Tendrá un obrero de amor por Puerto Berrío. Molina vive, Molina vive, Molina vive”.

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