Álbumes de familia: un juego del recuerdo para procesar la vida
- historias contadas
- hace 2 días
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Texto y fotos: Carlos E. López Castro
En el marco del proyecto Álbumes de familia: desarraigo, pertenencia y resistencia comunitaria, en articulación con el Museo Casa de la Memoria en Medellín, el pasado 16 de mayo la Fundación Historias Contadas Comunicaciones realizó el segundo taller de este proceso constructivo que parte del deseo de leer el conflicto armado a partir de los procesos de recomposición social. En este sentido, Simón Bolívar Serna y Maria Salomé Ospina, quienes fueron los talleristas, explicaron a los asistentes, víctimas del conflicto, que la idea sería: “Realizar una intervención a las fotografías que trajeron las participantes en donde dieron cuenta de las ausencias en sus vidas, las resignificaciones y los cambios que han tenido a lo largo de los años. También expresar las resistencias y sus luchas personales frente al conflicto y en la construcción de entornos de paz. La intención sería que, por medio de la escritura, el dibujo, el collage, el recorte, darle más significado a la fotografía a partir de tres ejes claves: el Yo, el Otro y Nosotros”.

Zuny Mosquera Godoy
Los álbumes de familia o con fotos en comunidad podría compararse con la lúdica imaginativa que nos prepara para la vida. El uso de imágenes del pasado nos da la oportunidad de sanar traumas o recordar alegrías donde las palabras quedan cortas. En estos días que vuelve a la “moda” el tema del fútbol, también podríamos comparar los álbumes de familia con un juego de fútbol con risas y llantos, como lo dijo el entrenador César Luis Menotti: “El jugador debe entender esto, que es básico para su vida: para qué juega y para quién juega. Es lo que debe preguntarse y responderse”. Así, resumiendo, los recuerdos de esas fotos del pasado para algunas víctimas del conflicto entienden que juegan en comunidad para la vida.
Algunos asistentes al taller lo expresaron así: Zuny Mosquera Godoy hace parte de la Asociación de Víctimas Afrodescendientes Yemayá Hinojoza, dice sobre una de sus fotos escogidas e intervenidas: “Es muy significativa para mí vida porque estoy con alguien de Tisba que es de una organización que ayuda a madres cabeza de hogar, es una casa de esperanza, toma a esas mujeres para transformar, para sanar, para acompañar en su proceso. Quiere decir que son empáticos, no simplemente dan por dar económicamente, sino que también enseñan a pescar, a buscar las cosas para defendernos en nuestra vida, en nuestro diario vivir”.
Juan Pablo Bejarano, hace parte de la Corporación Sal y Luz donde es mediador de memoria, de la comuna 13, San Javier, expresó: “Elegí la foto de la marcha por la vida porque tanto para mí como para la corporación es de mucha importancia resaltar estos actos que invitaron a la comunidad a hacer frente ante los hechos de violencia que se venían dando en el territorio, además porque invita a tener esperanza y a tener un nuevo renacimiento en el territorio donde se exprese mejor el arte, la cultura y se pueda propagar de mejor forma la memoria”.

Juan Pablo Bejarano Henao
Como vemos, los álbumes de familia o fotos en actividad comunitaria se hacen en equipo para salir adelante en la vida. Transforma el papel de "víctimas" a "narradores"; ayuda a integrar las pérdidas físicas y territoriales; canalizar emociones complejas mediante el arte y la cultura como lo expresó el joven Juan Pablo; el trabajo comunitario reconoce y legitima el sufrimiento individual; además convierte el taller en un refugio seguro para mitigar la soledad. Es por esto, que las comparamos con un juego de fútbol que tiene sonrisas y llantos, tal como lo escribieron algunos entrenadores: Menotti: "Jugar es una maravillosa palabra, hasta en el amor. No puedo entrar en una cancha sin sentir la emoción del juego". Vince Lombardi: "El fútbol es como la vida. Requiere perseverancia, trabajo duro, sacrificio y respeto".
María Salomé Ospina, quién fue una de las talleristas, expresó su conclusión así: "Lo más gratificante del taller fue ver la mesa llena de fotografías que guardan historias de vida, ver a cada persona apropiándose de esa imagen y decidiendo cuál y cómo sería su insumo para la exposición. Hubo momentos de sonrisas compartidas, también llanto y creo que eso también hizo del espacio un encuentro especial, donde la memoria nos abrió una puerta a conocer al otro y donde nos dimos cuenta de que más allá de recordar los hechos victimizantes, también se le debe hacer memoria a las luchas detrás de ellos y a quienes todos los días se despiertan buscando justicia, reparación y soñando con la prometida no repetición”.



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